Querido/a hermano/a en Cristo –

Nuestro llamado es capacitar a la iglesia para transformar y discipular a las naciones. En Libertad en Cristo anhelamos servir a toda la Iglesia de Jesucristo, cruzando barreras denominacionales con una visión del Reino de Dios. Ponemos prioridad en formar a pastores, sacerdotes y líderes de la iglesia.

Creemos que la verdad es importante en nuestro llamado de practicar la justicia, amar la misericordia y humillarnos ante nuestro Dios. Te animamos a leer lo que creemos (nuestra declaración de fe) y nuestros valores. La meta de nuestra fe y de lo que creemos es el amor (1 Timoteo 2:5). Ya sea que estés de acuerdo con todo o tengas algunas dudas sobre lo que lees, por favor danos la oportunidad de conocerte.

Paz de Dios,                                                 

Roberto

Director de Libertad en Cristo para Latinoamérica

LO QUE CREEMOS – Declaración de fe de Libertad en Cristo

La única base para nuestra fe es la Biblia, la Palabra de Dios infalible que incluye el Antiguo y Nuevo Testamento.  Inspirada por el Espíritu Santo, la Biblia es la autoridad suprema y final todo asunto de fe y práctica. Creemos que:

1. Hay un Dios verdadero, que existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres poseen cada uno de los cuales posee por igual todos los atributos de la Deidad y las características de personalidad.

2. Jesucristo es Dios, la Palabra viviente, encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María. Jesús fue completamente Dios y completamente hombre, dos naturalezas en una persona.

3. El Padre envió a Jesús, quien vivió una vida sin pecado, para hacer una expiación sustitutiva por nuestros pecados al morir en la cruz, satisfaciendo así la justicia divina, y resucitó para que todos los que creen puedan tener vida eterna.

4. Ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre, y como el único mediador entre Dios y la humanidad, intercede continuamente en nuestro nombre.

5. Dios creó a Adán y Eva a su imagen y semejanza, pero se rebelaron contra Dios y pecaron, lo que los separó de Dios trayendo muerte espiritual para ellos y sus descendientes.

6. Todos nacemos físicamente vivos pero espiritualmente muertos en nuestros delitos y pecados. Por lo tanto, todos necesitamos perdón y que nuestros espíritus se unan con Dios a través del Espíritu Santo.

7. Nacemos de nuevo espiritualmente cuando recibimos a Cristo, y ahora estamos vivos en Cristo. Somos salvos por la gracia de Dios a través de la fe que resulta en buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano.

8. Nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Los que tienen al Hijo tienen vida, y los que no tienen al Hijo no tienen vida. Dios ha escrito esto para que sepamos que tenemos vida eterna. Su Espíritu testifica con nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

9. El Espíritu Santo es el Señor y el dador de la vida. Él convence al mundo de pecado, y guía y da poder a los creyentes, para vivir una vida justa y dar fruto para la gloria de Dios. Por la gracia de Dios podemos cumplir el Gran Mandamiento de amar a Dios y a los demás y la Gran Comisión de hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo.

10. Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, su cuerpo, a quien dio ministros según Efesios 4:11 para capacitar a los santos para la obra de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe.

11. Nos reunimos para adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, y participar del cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena / Comunión.

12. Creemos que Dios nos creó varón y hembra y que el matrimonio es una unión sagrada entre un hombre y una mujer.

13. Creemos que Satanás fue un ser creado que cayó del cielo y se convirtió en el dios de este mundo. Él gobierna el reino de las tinieblas a través de una jerarquía demoníaca que continuamente tienta, acusa y engaña al mundo entero. Jesús vino para deshacer las obras del diablo y transferirnos del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo.

14. En la muerte física, los verdaderos creyentes se separan de sus cuerpos terrenales, pasan a estar con Dios y esperan ansiosos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero.

15. En la muerte física, el nombre del no creyente no estará en el libro de la vida del Cordero en el juicio final, y permanecerá eternamente separado de Dios.

16. Jesús vendrá nuevamente en poder y gloria para consumar el fin de los tiempos.

NUESTROS VALORES

1. La autoridad de las Escrituras (2 Timoteo 3: 16,17) – La base para el mensaje y los métodos de ministerio de LEC es la Palabra de Dios. La Palabra escrita y la Palabra Viva deben ser vistas como inseparables. Jesús es la verdad y también lo es su Palabra. LEC aprecia la contribución de la investigación empírica y la investigación científica cuando los resultados se interpretan a través de la cosmovisión bíblica. La ciencia es el intento de la humanidad de comprender la ley natural. La teología es el intento del cristiano de sistematizar la revelación divina. La ciencia y la teología son falibles, pero la palabra de Dios no lo es. LEC está comprometido con la Verdad no con alguna teología sistemática en particular y no ve ninguna incongruencia entre la ley natural y la revelación divina, ya que ambas se originan en Dios. Todos los que están bajo la autoridad espiritual de LEC deben estar sujetos a la Palabra de Dios y a todas las autoridades gubernamentales establecidas por Dios (Romanos 13: 1-5).

2. La Centralidad de Cristo (Hebreos 12: 1-3) – Nuestra identidad, aceptación, seguridad e importancia se encuentran en Cristo, quien es la máxima revelación de Dios. Por lo tanto, nuestro propósito es ayudar a los cristianos, a sus matrimonios y a sus ministerios a obtener vida y libertad en Cristo. Dios le ha dado a la Iglesia, y en consecuencia a LEC, el ministerio de reconciliación, que elimina las barreras hacia una relación íntima con nuestro Padre Celestial a través del arrepentimiento y la fe en Dios.

3. La adoración de Dios y la oración (Juan 4:23) – Adorar es reconocer los verdaderos atributos de Dios, tanto individual y colectivamente, y vivir de acuerdo a ello. Anhelamos por practicar la presencia de Dios y consideramos la oración una primera prioridad, buscando conocerlo y hacer su voluntad. No intentamos manipular a Dios ni persuadirlo. Deseamos estar en el camino que Él ha elegido para nosotros, y optamos por identificarnos con Jesús cuando dijo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Buscamos cubrir todo lo que hacemos en oración, no pidiéndole a Dios que bendiga nuestros planes, sino sometiéndonos a Sus planes al discernirlos en oración. Creemos que las instrucciones de Pablo en Efesios 6 sobre la armadura de Dios concluyen con la advertencia de que todos los creyentes oren en todo momento en el Espíritu. Las oraciones que Dios el Espíritu Santo nos pide que oremos son las oraciones que Dios contesta. Dios usa tales oraciones para cumplir su obra a través de nosotros.

4. La unidad de los creyentes (Juan 17: 20-23) – Servimos al único Dios verdadero que se manifiesta como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La unidad de la Deidad sirve como modelo para todas las relaciones. Trabajamos para preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4: 3). Donde Satanás trabaja para dividir nuestras mentes, matrimonios y ministerios, LEC trabaja por la unidad de la mente, del matrimonio y del ministerio como pacificadores (Mateo 5: 9).

5. Nuestra identidad en Cristo (Juan 1:12) – Los que confían en Cristo son hijos de Dios. Ya no están “en Adán”, están espiritualmente vivos “en Cristo”. Estar espiritualmente vivo significa que nuestras almas están en unión con Dios. Los cristianos son una nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17), y ya no están “en la carne”, sino que pueden caminar según el Espíritu o según la carne (Romanos 8:11). Los que aún no son cristianos no tienen ni la presencia de Dios en sus vidas ni el conocimiento de sus caminos, por lo tanto, sus mentes han sido programadas para vivir independientemente de Dios. La salvación no trae una renovación instantánea de nuestras mentes, por eso el Apóstol Pablo nos advierte que no nos conformemos a este mundo, sino que seamos transformados por la renovación de nuestra mente (Romanos 12: 2). Creemos que las Escrituras identifican a todos los creyentes como santos en lugar de pecadores, lo que no necesariamente refleja nuestra madurez, solo nuestra posición en Cristo. Todos los cristianos se identifican con Cristo en su muerte (Romanos 6: 3; Gálatas 2:20), en su entierro (Romanos 6: 4), en su resurrección (Romanos 6: 5,8,11), en su ascensión (Efesios 2: 6), en su vida (Romanos 5: 10,11), en su poder (Efesios 1: 19,20) y en su herencia (Romanos 8: 16,17; Efesios 1: 11,12).

 

6. Una cosmovisión bíblica equilibrada (Efesios 6: 10-20) – Reconocemos la realidad del mundo espiritual y buscamos ser llenos y guiados por el Espíritu Santo. Entendemos que los enemigos de nuestra santificación son el mundo, la carne y el demonio. Hay una batalla espiritual presente entre el bien y el mal, entre el reino de Dios y el reino de las tinieblas, entre el Espíritu de verdad y el padre de la mentira, y entre los verdaderos profetas y los falsos profetas. Esto exige que  los cristianos tengan una base bíblica sólida, ejerciten discernimiento y se enfoquen en Cristo. No luchamos contra carne y hueso, sino contra principados y autoridades de la oscuridad con la convicción de que han sido desarmados (Colosenses 2:15). Entendemos que esta batalla es un encuentro con la verdad no un enfrentamiento de poderes, ya que el diablo ya está derrotado.

7. Una respuesta integral a los problemas de la vida (Mateo 6: 19-34) Tratamos de evitar respuestas simplistas que aborda solo una dimensión de la vida, y tratamos de considerar el funcionamiento adecuado de nuestros cuerpos, mentes (almas) y espíritus. Primero, enseñamos la necesidad de una vida equilibrada que incluye el descanso, ejercicio y dieta y respetamos el papel de la medicina en la sanidad  del cuerpo. En segundo lugar, creemos que existen las enfermedades psicosomáticas, que las necesidades emocionales se pueden satisfacer en Cristo y que los problemas de temor, ansiedad, ataques de pánico, depresión y adicción se pueden resolver. Tercero, tenemos en cuenta el componente espiritual de todos los problemas, que incluye la necesidad de estar conectados con Dios y la necesidad de escapar de las trampas del demonio. Tenemos un Dios que trata con una humanidad en su complejidad y toma en cuenta toda la realidad, todo el tiempo, y lo buscamos primeramente a Él y a Su reino primero.

8. Equilibrio entre la soberanía de Dios y la responsabilidad de la humanidad (1 Corintios 3: 4-9) – No podemos pedirle a Dios que haga por nosotros lo que ha revelado que es nuestra responsabilidad y no podemos hacer por nosotros mismos lo que solo Dios puede hacer. Cualquier intento de una persona de ayudar a otra debe hacerse con el entendimiento de que Dios también está presente y que hay un rol que solo Dios puede desempeñar en nuestras vidas. Solo Dios puede liberar a un cautivo y sanar a la persona con el corazón quebrantado. Por eso, buscamos establecer nuestros métodos de ministerio conscientes de la omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia de Dios. También buscamos entender la relación sensible que existe entre el facilitador y quien busca libertad, ayudándole a cumplir con su responsabilidad. Como agentes de reconciliación y animo, también dependemos de Dios y evitamos ser propiciadores, co-dependientes y salvadores, lo que socava responsabilidad que debe asumir cada persona de sus propias actitudes y acciones.

9. El conocimiento de la voluntad de Dios (1 Tesalonicenses 4: 3) – Creemos que Dios guía a todos quienes buscan seguirle, lo cual es un concepto diferente a conocer la voluntad de Dios. La voluntad de Dios para nuestras vidas es nuestra santificación, es decir, que nos conformamos a su imagen. La meta de nuestra instrucción es el amor (1 Timoteo 1: 5), que es el carácter de Dios (I Juan 4:16), y no el conocimiento que lo envanece (1 Corintios 8: 1). Dios no busca ampliar nuestras mentes; Él busca agrandar nuestro corazón para que podamos ser como Él. Podemos tener conocimiento y ser arrogantes, pero no podemos conocer a Dios y ser arrogantes. Nuestro objetivo es conocer a Dios y llegar a ser como Él (Filipenses 3: 8-14) para que otros sepan que somos siervos de Dios, por que Su amor brilla en nosotros.

10. La gracia de Dios (2 Corintios 3: 5,6) – Creemos que somos siervos de un nuevo pacto, porque la ley mata, pero el Espíritu da vida. La gracia no es legalismo ni permisividad. No podemos estar a la altura de la ley, pero podemos vivir una vida justa si lo hacemos por fe de acuerdo con lo que Dios dice que es verdad y al hacerlo en su poder y no por nuestras propias fuerzas y ​​recursos. Parte de nuestro propósito es ayudar a individuos y ministerios a pasar de un énfasis en obras y programas a un énfasis en gracia y fe. Las estrategias y programas bíblicos no funcionarán a menos que sean generados por Dios, porque aparte de Cristo no podemos hacer nada que perdura (Juan 15: 5). No tenemos que dar fruto, tenemos que permanecer en Cristo y entonces daremos fruto. Administrar la gracia también significa que no ponemos un precio a nuestro ministerio ni cobramos una tarifa por las citas individuales.

11. Liderazgo de servicio (Mateo 20: 20-28) – No obtenemos nuestra importancia de nombramientos, títulos, dones o posiciones eclesiásticas. Nos esforzamos por tener importancia y seguridad en Cristo, y no enseñorearnos sobre otros (1 Pedro 5: 1-11). Los requisitos para ser un líder espiritual (1 Timoteo 3: 1-13; Tito 1: 6-9) están relacionados con el carácter de Dios. Como líderes que sirven, decidimos caminar en la luz y decirnos la verdad los unos a los otros en amor. Queremos que cada cristiano alcance su máximo potencial y use sus talentos y dones para glorificar a Dios y edificar a otros. El propósito de LEC es empoderar al pueblo de Dios ayudándoles a comprender quiénes son en Cristo, permitiéndoles ser todo lo que Dios diseñó que fueran para que puedan hacer todas las cosas a través de Cristo que los fortalece (Filipenses 4:13).

12. Integridad y autenticidad – La integridad espiritual y la autenticidad son más importantes que el reconocimiento y el impacto percibido. Creemos que el orden correcto es obtener madurez antes que ministerio, carácter antes que carrera y el ser antes que el hacer. Quienes somos es más importante que lo que hacemos, y nunca debemos poner en riesgo nuestra persona ni nuestro mensaje para obtener la aprobación de los demás. La obra de Dios realizada con integridad siempre contará con su apoyo, por lo tanto, no estamos de acuerdo con métodos mundanos de recaudación de fondos, exageración, falsas pretensiones, explotación y autopromoción. Nuestro enfoque es crecer en nuestra madurez, aportar claridad, precisión y equilibrio a nuestro mensaje y dejar que Dios expanda nuestro ministerio.